La soledad

El curso Geografías Urbanas apareció en mi vida de una forma inesperada, a última hora y de un “por probar”. Lo que menos me esperaba es que me fuese a dar tantas satisfacciones y me ofreciese la oportunidad de aprender tanto de fotografía, de luces y sombras, de personas y de sus almas, en definitiva, de aprender a ver la ciudad.

En el transcurso del curso hicimos varias salidas acompañados por Mingo Venero, tomando diferentes instantáneas que a su vez se ajustasen a los ejercicios que él nos proponía. Es a raíz de la oportunidad que nos brinda el centro cívico Jardins de la Pau para montar una exposición de fotógrafos emergentes, cuando Mingo me hace ver mi tendencia a fijarme en personas aisladas en la gran ciudad. Bien paseando, meditando, o simplemente mirando alguna guía o mapa, pero ajenas a todo lo que les rodea, sin importar que haya una o mil personas a su lado. Solas rodeadas de gente. Por ello, tuve claro desde un principio cual iba a ser el tema tratado en mi sección de la exposición y solo quedaba pulirlo.

A la hora de enfrentarnos al montaje de la exposición estaba aterrada, sin saber muy bien por donde tirar, que tipo de impresión, qué soporte, qué fotos seleccionar, qué enfoque darles, pero a la vez me sentía tan entusiasmada puesto que jamás había visto mis fotos colgadas en ninguna pared de una sala de exposiciones. Mis seis compañeros de exposición y yo hablábamos de inquietudes, nos ayudábamos y aconsejábamos puesto que todos estábamos en el mismo barco, algo perdidos en este mar de imágenes y sensaciones. Cada uno eligiendo el tema donde más cómodo se sintió, pero creo que en cada visión de la ciudad que compone la exposición hay una pequeña parte de cada uno de nosotros. Sin duda nada de esto habría pasado sin el apoyo de Mingo y de sus consejos.

Desde entonces estoy practicando el modo de captar ese tipo de momentos aprovechando todo lo que la ciudad nos brinda (luz de farolas, juegos de líneas, sombras…) Sin duda, un giro respecto a todo lo que hacía antes, cuando en la ciudad apenas me fijaba en lo que nos rodea. Y eso sí, a partir de ahora no salgo sin una cámara a la calle.

 

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